domingo, 25 de septiembre de 2016

LIDIA ROCHA [19.166]


Lidia Rocha

Lidia Rocha nació en Trenque Lauquen, Buenos Aires, Argentina. Vive en Buenos Aires. Es Profesora de Literatura y escritora. 

Publicó los libros de poesía Aves migratorias (2006), Roma (con ilustraciones de Ariel Román) en 2010 y Así la vida de nuestra primavera (La Mariposa y la Iguana, Buenos Aires, 2016). 

Formó parte del Plan de Lectura Leer es crecer y realizó el ciclo Poesía en el living de Recoleta. Coordina, con Gerardo Curiá, el ciclo Literatura Viva, café literario.




AVES MIGRATORIAS (2006)



AVES MIGRATORIAS

una canción 
sopla mis alas
cada marzo




Carpe diem

Desde la cornisa de aquel edificio,
en picada, hacia un espacio móvil
entre dos autos,
dos gorriones bajan a buscar un tesoro,
enfrascados
en una conversación aguda
y misteriosa
(¿sabrán ellos de símbolos?)

El calor vuelve el asfalto más gris,
más sucio, y tensa las caras.
Aturden las bocinas,
la insistente alarma a la salida de la cochera,
ruido de frenos, sirenas de ambulancia.
Ellos caminan como si la rueda 
que pasa a centímetros de sus patitas 
quedase tan lejos como el sol de noviembre.
Veloces, 
saltan al cielo urgidos por atender
asuntos importantes.
De su belleza gris y cálida,
de su volumen breve,
queda sólo este eco
que no se apaga en mi memoria.

A unas cuadras de allí, 
asaltaron una estación de servicio.
La electricidad causó estragos
a otros vecinos de acá cerca.
Un poco más allá
un secuestrado exprés grita
por su segunda falange.
Y no tan lejos caen bombas
y edificios. 
Los continentes siguen derivando,
el ozono se extingue una pulgada más
y navega en lo oscuro el meteorito
del último día. 

Ella y yo
nos acomodamos cerca de la puerta,
con el libro abierto, le pregunto
que habrá querido decir 
“carpe diem” y no sabe.
Pero deja el libro sobre sus rodillas,
mira sin ver la calle y los gorriones
deja que el tiempo
se deshaga junto a sus zapatillas.

Menos agudas y tan indescifrables
nuestras voces se pierden
en el constante moverse de las cosas.
Ella desaparece tras la puerta metálica
del ascensor y yo me pierdo
entre las calles superpobladas,
y el smog
pensando en estas cosas
mientras las ruedas pasan
a centímetros
de mis plumas.


Roma
Lidia Rocha

Editorial La mariposa y la iguana, 2010.

ilustraciones de Ariel Muñoz
prólogo de Fredy Yezzed


Por todas las manos que esa tarde

por todas las manos que esa tarde
su noche y su mañana me tocaron
podría jurarte ahora
(como quien hace a los dioses su rendición de cuentas)
que cuando yo nadaba en el líquido amniótico
de tantos cuerpos juntos
en su perfume a sándalo gastado
en esa intermitencia del mirar y el deslizarse
no escuchaba los címbalos sino mi corazón
y mis dedos buscaban bajo una piel y otra
el flujo de tu sangre. 



En principio me imaginé que iba a leer la construcción de Roma, quizá, después de un viaje o bajo la lupa del recuerdo de algún familiar. Dije Roma y me imaginé las fuentes ampulosas, la Capilla Sixtina con sus desnudos, los gladiadores, o los gatos sobre los tejados protestando, como nosotros, por culpa del calor o el olor a basura que nos invade. Pero vas a la bella metáfora de la ciudad-cuerpo, de la ciudad-amor, de la ciudad-deseo. Luego al adentrarme en tu libro me di cuenta que tú, él y todos nosotros somos Roma. Esta ciudad que le hubiese quedado muy bien calzada a Buenos Aires es una ciudad del erotismo: “Nupcial, lujosa, hecha de lluvia eléctrica. Tremenda”; del deseo: “su deseo extendido, esa promesa, que es más intensa porque no se dice”; de la lujuria: “Nos iremos a Roma, a cuando los amantes copulaban en las calles mugrientas, a los templos oscuros, a los cuerpos baratos”.

Hay en tu libro, como en toda ars amatoria, prohibición: “Cada uno a su vida. No la toques“; vivificante sexo:“Solo las bocas que buscan redimirse en la boca del sexo”; deseos oscuros e insatisfacción: “yo nadaba en el líquido amniótico de tantos cuerpos juntos”; lirismo e imágenes bellísimas: “un arco tendido era yo y recibía amor a manos llenas”; metamorfosis y mito griego: “fracasa en su intento de ser planta, liquen, de abrirse contra el muro donde sembraba siemprevivas”; desamor con sus tintes de cursilería:“así es como la magia del amor se termina, sin heridos, ni súplicas”; y desamor con sus pinceladas profundas: “Cansados de empujar este barco, rendidos ante la evidencia. Un fondo negro. Una escena sin gente”; violencia y despecho: “¿Quién le hablará sucio al oído mientras se entrega como a la muerte misma?”.

Preguntas al final del libro:“¿Habrías de este modo abandonado Roma para siempre?”, y me respondo solitariamente: “He vivido toda mi vida en Roma”.

Fredy Yezzed López Barón




(fragmentos)


estos amantes se han ocultado uno al otro su corazón. Se dieron en cambio nubes de colores que se abrían en magnolia o dragón chino y caían lluvia de pólvora dispersa. Perdieron los temblores del alma por una música de cañerías en la noche sola. No sucedió, no sucede, no sucederá. Un amor de artificio, una guarida. Ni intimidad, ni alma trastocada por el goce. Todo por conservar impávida la imagen, el toque de los ojos, un roce de la piel, la fantasía
(…)

lo inalcanzable pagará su precio. Eclipse interminable. Que la tierra no la estrangule con sus capas de reina. Te odia, te ama. No te acerques. No morirá si permanece en esa primavera. No la atarás a tu ciclo de sangre, a la repetición, no harás un nido en su costado izquierdo. Será como el arco siempre tenso, recién disparado. O como la flecha que no tiene rumbo o que lastima, antes de estar dispuesta una cacería nueva. Te ama, te odia. Se irá al exilio hacia ninguna parte. Sólo la vibración desajustada de una melodía que habrá sido posible y no consuela


*


a ella (antes) le gustaba el peligro, o eso dicen. Estrellaba los viernes contra las ventanas. Y se comía la mañana del sábado. Ella (antes) era arriesgada, te hubiese hundido su taco en la garganta. Cortado tu aliento en julianas finitas. Desbocada, dominante. Y vos ahora, de esa miel un recuerdo. Las muñecas tajeadas por no oírla

ella canta sobre la parte alta. La pajarera abierta por lo bajo. Así capturan a los jilgueros sobre los alambrados. Ella se vuela. Te mira desde el trapecio de las hojas, se balancea sobre el mar de pampas. Rebelde contra la tarde que no hinca el pico. No te suelta. Tu corazón en la mira queda seco
(…)



*

por todas las manos que esa tarde, su noche y su mañana, me tocaron, podría jurarte ahora, (como quien hace a los dioses su rendición de cuentas) que, cuando yo nadaba en el líquido amniótico de tantos cuerpos juntos, en su perfume a sándalo gastado, en esa intermitencia del mirar y el deslizarse, no escuchaba los címbalos sino mi corazón, y mis dedos buscaban bajo una piel y otra el flujo de tu sangre

al resplandor de fuego de la orgía, las hebras enroscadas de unos cabellos negros sobre el óvalo, la pulpa de unos labios, la tentación dispersa y mis manos hundidas en un cuerpo que era copia del mío y que temblaba… en el humo dorado de los suspiros de los que Afrodita no se harta (nunca), un arco tendido era yo y recibía  amor a manos llenas, y esperaba tu toque y me iba muriendo convencida que al recibirte así lujuria y castidad eran exactas
 (...)




Así la vida de nuestra primavera,  La Mariposa y la Iguana, Buenos Aires, 2016.


durar tan brevemente

te quedaste, alma, como en blanco
colgada de un sonido del aire
contra un tejido vegetal

si volvieras al cuerpo
y el cuerpo al viaje
cruzaría por el ojo de la aguja
el hilo en suspenso
de la vida

ausente, el corazón
ardía en oscuro

tus manos queman fuerte, sobre todo
esta tarde en que el frío aprieta
y me queda el calor de tus dedos
en la garganta
eras
un envite del sol fuera de época
hilabas
tu piel para los pobres
yo
volvía al mundo,
quieta la cabeza
sobre tu pecho
un cuerpo que se cierne y busca
la vida que le das

ahora
que de tanto ver y ver el mismo paisaje
la ventana se te ha desdibujado
¿dónde estabas?
¿es real esa casa de donde no saliste?
¿verdad el caserío?
la tarde te vuelve silenciosa
invisible, si no fuera por el ojo
y la pantalla
un animal que habla todavía.

y si me obstino así, te escribo
éste es el solo modo del abrazo
la única manera
de tocarte

no era más que un gato
abrigado en el fuego
de la siesta
un animal minúsculo
negándose
a regresar humano
cuando la tarde se perdía
en recuerdo
tedio de sombra
o pensamiento triste

el viaje en que nos vimos
ojo a ojo veníamos de nada
como metidos en los propios huesos
y quemándonos
de demasiado
el cielo te dañaba la pupila
cerrado el párpado al daño de la tarde
y yo veía el alma silenciosa
viajar hacia tus ojos y mirarme
y hacer canción del día

hubiéramos soñado un mundo
un poco menos cruel
pero cansados de la tarde
no queríamos salir de casa
ni cazar soldados, mariposas
y menos niños
lo dejamos así, a su suerte,
por pura somnolencia
en otras manos

y caigo
empujada por tu pulso
abriendo paciente
la hendidura de vida

el día se pierde
en explicaciones, horas
mal empeñadas en no dejar que pase
la sangre, la tinta, el dedo
sobre los muebles
de caoba rojiza donde sueña
un animal en sus esporas
el tan breve durar
ese fueguito
en el silencio fractal del universo



Dulcísimo

Sembrabas para mí semillas secretas
Yo, sin gracia, te confundía
con el delirio y los ensueños.

Como un dios condescendiente
preguntabas.
Ciega, torpe, yo respondía
al desgaire, como si apenas pudiera
despegar mis ojos de las páginas.
De tan hermoso te hacías transparente.

Allí las horas
se contaban en letras.

Te abrí las puertas de mi casa
como quien atiende un llamado equivocado:
“no señor, es el número, pero no soy la persona
que usted busca, se lo habrán dado mal”.

Claro de luna
sólo la luz de la pantalla y
las antenas con sus guiños rojos.

La hora se volvió sobre sí misma
instante concentrado
del así era antes y así será después.

Al traspasar la línea
que separa mi voz de mi silencio
partiste en dos las aguas de los días
como un barco
y te estiraste sobre el horizonte
para marcar mi cuerpo con tu diente.

La noche pierde su virginidad de arena.
Un avión encamina sus luces hacia el río.
Cada ventana se hace isla de tu abrazo.
Un relámpago de fe arde desde tus dedos
donde lengua es verano detenido.

¿Cómo regresaré
después de esta estampida de palabras?
Atónita asisto a tu maestría.
Límbica, como un animal de la prehistoria,
¿Cuándo era antes?
¿Dónde comienza?

Cisne, lluvia de oro,
no sé por qué a mí,
la de los libros
tan displicente
tan resguardada
por qué para mí
se dice este lenguaje de milagro.

Caen las horas como manzanas
puro jugo de dios.

El cielo a veces nos convida una vuelta,
semillas no previstas.



Menhires

No habrá ensueño eterno
lazos de la memoria
sino destino en la ceniza.

El fuego a la madera
desata el aliento de los dioses
demorado
en la raíz del bosque

para que el alma siga
el rumbo ascendente
de las piedras



La tierra y las cosechas

Crecí de frente a una tierra
de cosecha.
Pródiga, sus hijos no la aman
sólo la poseen o la abandonan
fácilmente
Hijos de una misma madre
hablan lenguas distintas:

unos escuchan las voces
de ciudades remotas

otros no perciben
el espejo solar del girasol
sus pesadas semillas
que se inclinan a la hora de Pan

cuentan en dinero la carne de sus pétalos









.

LUCIANO CAVIDO [19.165]


Luciano Cavido 

Nació en Luján Buenos Aires; es músico compositor y escritor argentino. Fue  publicado tres veces consecutivas en el libro de los "Oyentes de Zona Franca" en los años 2000-2001-2002. Luciano también formó conjuntos floklóricos como "LOS DEL BUEN AYRES" junto con su recordado amigo Pablo Sebastian Isola (gran guitarrista instrumental). Imparte clases de guitarra en los talleres municipales de cultura de la ciudad de Luján. En el presente cursa el Profesorado de Historia en la Universidad Nacional de Luján ( UNLU).

Musicalizó e interpretó poemas de Federico Garcia Lorca. Actualmente escribe para los medios gráficos de Luján: "El Ciudadano de Luján", "El Civismo" y "El Presente". Actualmente prepara un libro de Historia. En 2007 participó en la grabación musical de la obra Romeo y Julieta adaptada por José Iturraht. En 2008, fue jurado de los Torneos Bonaerenses para la 3º edad en el area poesía y narrativa. Compuso la letra de un aire de zamba titulada UNA MUJER IDEAL, Grabada por el grupo lujanense LEGUEROS, con música de Alberto Buzzi, integrante del conjunto folklórico "Sentires". Su primer poemario DIALÉCTICA fue impreso en Luján. Próximamente publicará el segundo titulado BIEN VALE UN VERSO. Actualmente dicta clases en el PLAN JOVENES del ministerio de educación, para la reinserción al ámbito educativo y laboral de cientos de jóvenes del país.




LA VÍCTIMA

Con soberana elegancia y paciencia
De esclava, teje su trampa la araña.
Aguardar a su victima es su hazaña.
Atacar a su victima, su ciencia.

Por el sedoso hilo se despliega
Funámbula a su ritual de muerte.
El desdichado insecto que la advierte,
Acepta su destino y se entrega.

Abdomen artesano y ocho patas.
Veloz desplazamiento, ojo certero,
Le bastan para asirse a su doctrina.

No la creo, por esto, mi asesina.
Ella sabe muy bien por qué me mata.
¿Acaso yo sabré por qué me muero? 




A QUIEN CORRESPONDA

En la cadencia de tu fino trazo
Se transfigura un hondo sentimiento,
De tus palabras brotan, lo presiento,
Un manantial de culpa y de fracaso.

Me dirás que del alba hasta el ocaso
Tu joven corazón está latente.
Dirás que eres feliz, pero me mientes.
Conozco esa expresión, paso por paso.

Contestaré tu carta con mi puño
Para que el pulso de mi sangre sientas.
Y sin decirlo, sepas que comprendo

Que en estas horas crueles y violentas,
No hay un dolor más grande y más horrendo
Que hallarse lejos ya de su terruño.




LA ROSA ARTIFICIAL

La rosa artificial seca la mano,
De aquel que la sostiene y que la observa.
Reluce su belleza entre la hierba,
Pero su vida allí transcurre en vano.

Resiste primaveras y veranos,
Inviernos y el otoño imperdonable.
Más nunca podrá ser flor respetable,
Cual rosa de jardines cotidianos.

El alquimista huye con recelo.
Y Dios en su rincón muerde sus labios.
A nacido por obra de los Cielos,

Para que una mujer mire y se asombre.
No ha sido ni será fruto de sabios.
Se sabe tan bastarda como el Hombre.



A MILTON

Sintiéndose en su hogar, advenedizo,
Como Dante, tal vez, en su Florencia,
Milton pierde y recobra el Paraíso.
Venciendo de sus ojos la impotencia.

Ese Milton leal republicano.
Ese Milton políglota y profeta.
Ese siervo de Dios, ese cristiano.
Ese Gran Dramaturgo, ese Poeta.

No ha querido la gloria de su nombre.
Lo demuestran las líneas que profesa:
“Enciérrase a la vez tanta vileza,

Matándose a un buen libro como a un Hombre”
Se ha llevado un dolor bajo la tierra,
No ver la libertad de su Inglaterra. 




AQUÍ MI CORAZÓN QUE SE DESHACE

Aquí mi corazón que se deshace.
Claudica ya su miserable duelo.
Dieron las puñaladas muerte a Otelo.
Yo aguardo, en cambio, otro desenlace.

Quiero mudar mi voz, palabra y frase.
Dejar caer mi verso por el suelo.
Ondulante y rendido cual pañuelo,
o cual Hamlet, que agónico renace.

Aquí mi corazón, tamaña empresa
No logra sostener. Aunque yo creo,
Que El beso de la muerte de Romeo,

Se halla en todo labio que nos besa.
Procuro resistir, pero el brebaje,
Más ágil que el puñal, cumple su ultraje.




BELLA AFRODITA

¡OH, bella muchacha quién te tuviera,
Para ser a tu lado un hombre hermoso¡.
Si hasta Dulcinea, la del Toboso,
De su ideal primor se arrepintiera.

Qué esconde tu gracia tan lisonjera,
Que todo hombre sueña ser tu esposo.
Darte pretendo un beso tembloroso,
Para que tú lo calmes y me quieras.

Pero vedada estás a los mortales.
Y como tal, mi anhelo se marchita.
¿Que somos ante ti, Bella Afrodita,

Los que amamos a seres irreales?
Nada quizás… o bien yo me equivoco.
¿Ilusos, poetas, ingenuos, locos?




NADA HABRÁ

Cierto es que cada cosa en este mundo,
Con afanoso celo milenario,
Esconde a cada paso su contrario,
Que así como distingo lo confundo.

Mi voz que todo nombra, no evidencia.
Al afirmar certeza afirma duda.
Y ver, tocar, oler y oír, no ayuda
A vislumbrar el fin de la existencia.

Cuánto hay de aquel pájaro en la rama.
De la rama y del pájaro que observo.
De mis sustantivos ojos y del verbo,

Que observa aquel pájaro y la rama?
Nada habrá. O Quizás, habrá lo adverso.
Más…¿cuánto hay de cierto en este verso?.




DÓNDE ESTABAS

Mis hombros son vastos y hondos precipicios,
Que se yerguen tarde, cuando ya el vacío,
Me observa cayendo hacia el negro río,
Donde caen las sobras y los desperdicios.

Cruzo derrotado el umbral del hospicio.
Ese que me brindas y que yo he aceptado.
Hacia él me arrastro con pasos helados,
Pero es tan inútil tanto sacrificio.

Al mirar tu mano hacia mí extendida,
Una extraña queja trepa a mi garganta.
Sorda, mustia, hueca, vana, inexistente.

Que acaso responde, displicentemente,
Al tenaz llamado de mis noches tantas.
¿Dónde estabas, dime... Vida de mi Vida?.




FUEGO

Tus ojos no te permiten
Mirar los ojos del sol.
Pero tu cuerpo palpita,
El calor que necesitas,
Para saber que es el sol.

Entonces venda los tuyos
A la hora de sentir.
Y verás igual que el ciego,
Que al acercarse hacia el fuego
Puede al frío distinguir.

Su Camino Fue La Tierra IX

Fuego, dibujado por el viento.
Eres de la noche rebeldía.
Migaja de sol con que alimento
Al cielo, para eternizar los días.

Padre de las sombras. Cuando el frío
Obliga a callar a las penumbras.
Con tu desnudez de piel de estío
Nos incendias, tanto como alumbras.

Al mendigo errante lo acaricias.
Condenado eterno del infierno.
Autor inocente de injusticias.
Revolucionario del invierno.

Dante, de tu lengua fue testigo,
Al abrirse la boca sepulcral,
Que condena a las llamas del castigo
Al hereje más devoto y más leal.

……………………………

El Agua (tu rival por excelencia),
Esperará la noche más oscura.
Y en férrea lucha de supervivencia
Caerá como aguijón a tu montura

La lucha será cruenta pero en vano,
Así lo indicará la espesa nube,
Que acaso, es el espíritu que sube
Librado ya de su cuerpo inhumano.

El Agua aún reirá con triste encanto,
Pues sabrá dentro suyo que ha elegido
(No sin el frío recio del espanto)
Como rival, a un Ser jamás vencido.

…………………………………

Tras el pañuelo, el ojo ciego advierte
De tres palabras sólo la Tercera.
Aquella que a su vida dará muerte
Con grito de fusil y voz de fiera.

Otros, son los Fuegos divisados
En meandros y ciénagas oscuras,
Por quien Júpiter, Señor de las Alturas,
De horror tiembla al saberse condenado.

Fuiste cómplice de versos de poetas
Que parieron la literatura.
Fuiste puntas de indígenas Saetas
Que lucharon con coraje sus culturas.

Épicas antorchas te elevaron
A lomo galopante de rocines.
Gargantas de dragones te lanzaron
Hacia mitológicos confines.

La nada (sin el merito de un nombre),
Te despertó de un sueño de repente.
Qué dudas y certezas de tu mente
Te igualan y separan de los hombres…




PROMESA PARA MI HIJA

Si hablo de ti, hija mía
Cuando acabar este verso.
El infinito universo
No me lo permitiría.

Es tu rostro el que percibo
En cada letra que trazo.
Y como un loco me abrazo,
Al papel en donde escribo.

Cuando a este mundo entres,
Abandonando el que habitas.
Tendrás lo que necesitas,
El mundo será otro vientre.

El mundo será otro vientre,
Hija mía, te lo juro.
Para ello salto los muros,
Para ello cruzo los puentes.

Para ello beso tu frente,
Para ello pienso en futuro.




DIALÉCTICA

No te busques en mí, mírate antes.
No hallarás un espejo sin el tuyo.
Pues será tu mirada aún capullo
Como ostra aún para el diamante.

Mírate el perfil, mírate de frente
Como Este a Oeste y Sur a Norte.
.Aunque tus ojos no soporte
Evita pestañear…mírate siempre.

Que todo tu rostro se revele a esa
Efímera oscuridad, visión herida,
Que nace cuando el párpado nos pesa,
Vedándonos instantes de la vida.

Peor la noche y su cómplice genuino
Que surca nuestros días como el vidrio;
El Sueño vuelve, es ese su destino.
Cual triste Prometeo a su martirio.

Si pudieras revertir este principio
Reduciéndolo tan sólo al Sueño Eterno
Restarías a tu vida tantos ripios
Que estorban como Seres del Infierno.

Sospecho que en el lapso de los sueños,
Así como del breve pestañeo
Se manifiesta el dios del que no creo
Cuando de mi conciencia aún soy el dueño.

Así le habló aquel Río a su Estudiante:
“En tu reflejo no hallarás al mismo.
Heráclito, soy sólo tu espejismo,
No te busques en mí, mírate antes”.

Mas como Adán, burlando la advertencia
El Aprendiz permaneció impasible
A aquella voz de género imposible.
No obstante, reanudó en esta sentencia:

“No peco de ignorante ni atrevido
al detenerme junto a tu ribera
y divisar mi rostro, cual si fuera,
el otro ser que hoy pude haber sido.

Si bien mi faz (merced de tus hazañas)
Flamea cual corola a la deriva,
No es esa imagen vana y tan nociva
Plausible de la gloria que me baña.

Detengo mi atención en el abismo
Que nunca se detiene. Y me macero
En un segundo río y un tercero,
Juzgándolos a todos como al mismo.

Celebro tu Dialéctica y confieso:
Desde hoy tu nombre está ligado al mío.
Heráclito es sinónimo de Río…
Todo esto aconteció allá en Efeso.




SONETO

No vuelve el corazón a vuestro puerto.
Lo observo ya perderse en lontananza.
Esconde su destino algo incierto.
Grabado lleva un nombre: Esperanza.

El condenado a muerte, desespera.
Y viejo llora su Dorada Infancia.
El sabio, pide a gritos su ignorancia.
Y la semilla sufre ser madera.

Si tú supieras que cada flor que acechas
Con tu mirar, es flor irrepetible,
La vida no sería tan terrible

Como lo es…si acaso tú supieras.
Ni el arco vuelve a ver jamás su flecha,
Ni aquella flecha, a quien, por ella muera.




REMBRANDT

En Van Dick, Jan Van Goyen, Durero,
En Frans Hals y Rubens y Leonardo,
En Velásquez, Lorrain, Caravaggio,
Está el rostro de Rembrandt…¡Miradlo¡.

En Carracci, Poussin, Tintoretto,
Guido Reni, Jan Steen, en El Bosco,
Willen Kalf, Pieter Bloot y en El Greco,
Como a un ser irreal, veo su rostro.

De su Leiden humilde a la cumbre,
Sólo hubo una línea muy frágil.
Ser un hijo de Holanda no es fácil,

Fue una sombra luchando en la lumbre.
Y ya solo, ya frente a su espejo,
Decidió ser el otro… el reflejo.




EL REY POETA

Alegre el Cortesano llama a la multitud:
¡El Rey es un poeta, que viva el Rey, que viva¡
El pueblo fervoroso de pronto se cautiva
al ver al Rey Poeta blandiendo su laúd.

Arpegios delicados preludian su Rapsodia.
Su voz retorna al griego y empieza la batalla.
Sus versos enamoran y el público desmaya.
Lo adora el que lo ama, lo ama el que lo odia.

El pueblo encandilado no escucha lo que dice.
Él habla de la guerra, mas eso no interesa.
El público lo abraza, el público lo besa.
Palabra de Poeta nunca se contradice.

Y cuando el verso acaba, siguiendo el protocolo,
Regresa el Cortesano, volviendo al mismo grito:
¡El Rey es un poeta, que viva el Rey bendito¡
y como acto seguido, el pueblo queda solo.





A UN REINO TÍPICO

Correcto y comedido, sonriente y educado
Cortés, considerado, cumplido y muy cordial.
Son reglas que conviven en este Principado
Donde ser bien tratado es la Ley Principal.

Eso si, ante todo y como ley suprema.
Como es costumbre, escrita en letra pequeñita
Se aclara, respetaos de hito en hito el lema:
“No pagues un centavo, El Rey te lo debita”

Si de ejemplos se trata, el Rey es un encanto,
Su urbanidad rebalsa sus tantas variedades
De copas, que en unción, venera como a un santo.
El Rey es un encanto, no tiene vanidades.

Eso si, el experto en modales y cristales,
Como acostumbra todo anfitrión de buena casa,
Conocerá del huésped sus datos principales:
El monto de su cuenta, lo digno de su raza.

Y gracias a su padre, el Príncipe, con creces
Disfruta el porcentaje de reino que le toca.
La antonomasia nunca pregunta si merece,
Más bien se identifica por cerrarnos la boca.

Pero no piense mal, y no se ponga tenso.
El Rey evita toda molestia a sus vasallos
Pues como dice el dicho “El silencio es consenso”
Y a veces la palabra se cae del caballo.

El príncipe es el típico ejemplar de Cuentos de Hadas
Con los particulares colores que amerita.
Lo azul de su linaje, el rojo de su espada
Que otorgan beneficios que a otros se les quita.

Pero todo se apoya en una causa noble,
Porque no es nada fácil ser Amo de Palacio.
Aunque por fuera el Príncipe se vea como un roble,
Por dentro apaña aspecto de mísero batracio.

Ya veros, mal pensados, el peso que este carga
Negando a duras penas que un soplo lo demuele.
Si el vulgo se le acerca la tristeza lo embarga.
De ver su culpa, al ciego, la mirada le duele.

Así es como disponen los naipes de este juego
Donde el envite sube en gracia de los mismos,
El Rey se ubica al frente en nombre de su ego
Y el príncipe a su sombra en pos del narcisismo.

Correcto y comedido, sonriente y educado
Cortés, considerado, cumplido y muy cordial.
Son reglas que conviven en este Principado
Donde ser bien tratado es la Ley Principal.





HACIA DÓNDE ME LLEVAN…

Hacia dónde me llevan estos firmes renglones,
Cuando poso mi pluma riguroso de ellos.
Y no alterno el descenso sobre sus escalones,
Como brinda el amante su caricia al cabello.

Si soy fiel a la prosa por qué envidio a los versos.
Por qué miro su forma con oculto recelo.
Por qué tiento a mi pulso transgredir ese velo,
Como signo de furia, como juego perverso.

Si la hoja es el blanco, si la pluma el acero,
Si es el arco la Musa y el Poeta el arquero.
Si el amor es el pulso, la palabra es la herida

Y la tinta es la sangre del que entrega su vida.
Hacia dónde me lleva todo el tiempo que resta…
Me pregunto incesante, sin hallar la respuesta.




A MIS POETAS MAYORES

Fue su lecho de muerte unos brazos
Poderosos cual firmes alforjas.
Los del gran San Francisco de Borja.
Donde al fin descansó Garcilaso.

De tu herida el Danubio nacía.
De tu grito, el Latín de Virgilio.
Donde Laura y Petrarca yacían,
Para siempre en su mítico idilio.

Aún Salicio llora por su suerte,
Porque tú le has negado la risa.
Nemoroso clama por su Elisa,
Más allá de tu pluma y la muerte.

Tus sonetos, tus églogas gritan
Lo que oculto llevaste a la fosa;
El amor a Isabel te destroza.
Ya la rosa está helada…marchita.

Si de San Pedro Mártir, regresas
A los pies de esa terrible torre,
¡¡ No la escales por Dios!!, sólo corre
Nuevamente a San Pedro…allí reza.

…………………………

De la Barca bajaron tus sueños
Y llegaron a aquella Madrid.
Donde el viejo Juglar deambulaba
Recitando la gesta del Cid.

Cataluña te vio combatiendo
Y Toledo, del Rey, Capellán.
Con honor diste vida al gran Crespo,
Con honores tu paso inmortal.

Tus villanos brillaron cual rayo,
Segismundo aún clama: Yo sueño...
Tus Mañanas de Abril y de Mayo
Tendrán siempre su sol Madrileño.

...............................

En la misma Madrid de Don Pedro
Donde el Moro en combate se entrega,
Un poeta derecho, cual Cedro,
A nacido, y es Lope de Vega.

Este hombre de amores diversos
Desterrado por sátiras crueles,
Destinó, como Lorca, sus versos
A exaltar a su tierra y sus fieles.

Su carácter complejo e inquieto
Impulsor de su obra de ensueño,
Le valió de Cervantes el reto
De ser, El Fénix de los Ingenios.

Peribánez y La Hermosa Fea,
Rey eterno, os miro, y Ocaña,
El Isidro y La Dorotea,
Dieron su alma a la vieja España.

.................................

No hubo pluma que no se rindiese
Al momento de tallar la piedra,
Ante el gran creador de Entremeses;
Don Miguel de Cervantes Saavedra.

Fuiste hijo de Alcalá de Henares,
Talvez como Arcipreste de Hita.
Más el viento de tantos azares
Te llevó donde el mundo palpita.

De Madrid a Sevilla y a Roma,
Del heroico Lepanto a la ingrata
Ocasión, que por años te toma
Prisionero en Argel por piratas.

Rescatado y al fin decidido
A emprender esa ardua tarea,
De empeñar cualquier forma de olvido,
Diste vida a La Galatea.

Por error del destino eres preso.
Por justicia del mismo, inocente.
y tu impronta de tristes sucesos,
A una triste figura presiente.

En revancha al injusto barrote,
Y a aquel doble arcabuz Otomano,
De la Mancha llegó Don Quijote
A decirte que nada fue en vano.

..........................


A esa misma llanura manchega,
Otro hidalgo ingenioso y valiente
Fue a morir; Don Quevedo y Villegas.
Desterrado cual un penitente.

Poco antes, por mismo motivo:
La Moral. (Que lo iguala a Plutarco),
Terminó varias veces cautivo
En la vieja prisión de San Marcos.

Como Alonso Quijano deseaba,
Deseó ser Don Francisco otro hombre.
Viendo al mundo cual él lo soñaba.
Pero el mundo no cambió de nombre.

Más la humilde palabra en sus labios
Tuvo sed de esa humilde fortuna.
Y apartó de su boca el resabio,
Y bebió de su sangrienta luna.




SONETO

La tímida mañana se enternece,
Al ver sobre tus manos a la luna.
Tus manos, me recuerdan a una cuna
En donde un frágil niño se adormece.

Lo observo con delicado detalle.
Con el ojo de un dios que nunca miente;
Tu pecho, la antesala de tu vientre.
Tu vientre; ese inmenso y alto valle.

Morada que el destino me reserva,
Para aguardar el instante preciso,
En que ya presto de un final feliz,

Con sabia voluntad (fiel a Minerva)
Y la ilusión de Dante y de Beatriz,
Me entregue finalmente al Paraíso.




LA LUNA ( DÓNDE HA HIDO)

Si mis dedos pudieran
Deshojar a la luna…
Federico García Lorca

Por la luna, mujer, que es sagrada
Y platea estos árboles, juro.
Que mi amor es profundo y es puro…
Así habló el fiel Romeo a su amada.

Arto más que ese Disco de Plata
y esa luna Sangrienta Escarlata.
La omnisciente testigo del Hombre.
Voy en busca de aquel vasto nombre.

Esa ostia de la cual Dios comulga.
Ese faro en el mar de la noche.
Ese ojo del gran Polifemo,
Ya segado por obra de Ulises.
Ese rostro de mil cicatrices.
Esa inmensa ceniza del sol.

Baudelaire, la percibe ofendida.
Y Lugones maligna y campestre.
Federico ve un niño en su mano.
Lafontaine, un ratón en su centro.
Blanca piedra es la luna, Vallejo.
Alfonsina le teme al mirarla.
Cielo negro, Rubén. Luna opaca.
Y Neruda la ha anclado en su verso
Casi fuera del cielo…
Entre un par de montañas.

Sueña Banchs que es de mármol la luna.
Y ese mármol es un pozo seco.
Y ese pozo es sonoro y su eco
Espectral, palidece a la luna.

En un río, dos blancas canoas,
Se deslizan sin sus navegantes.
Con sus remos, su popa y su proa,
Me recuerdan a lunas menguantes.

No es la luna empedrada del charco,
Que estalló bajo el pie presuroso.
Ni es aquella del mar escabroso,
Que ilumina a los trágicos barcos.

Yo la busco en el vago ladrido.
Y en el grito de un hombre que muere.
En el llanto de niños, mujeres,
Solo quiero saber… dónde ha ido.




OIGO LA HIERBA MAGRA…

Oigo la hierba magra quebrarse bajo mis pies.
Queja de un herido es, el sonido que consagra,
A los sonidos del mundo, como necesaria ofrenda.
Siempre por la misma senda, más yo de culpa me inundo.

De culpa ante el acto impune mis pies que todo lo besan,
Se detienen de tristeza y a su lamento se unen.
En mi caminar sereno, noctámbulo o matinal,
Avanzaba un criminal tan íntimo como ajeno.

Si el Hombre ignorando peca, su inocencia le libera
De su víctima cual fuera. Más como ahora lo sé,
Que muera no dejaré, la indefensa hierba seca.



RÉQUIEM

Si es que existe el lugar en que moras,
Si esa extraña región es posible,
Si resides en mi alma intangible,
Por qué entonces mis ojos te lloran?

Si además de habitar mi recuerdo,
Puedo oír palpitar junto al mío,
Tu jovial corazón como un río,
Por qué siento a la vez que te pierdo?

Por qué muevo indeciso las piezas
Cuando ya he concluido mi juego?.
Por qué dudo de toda certeza?,

Por qué acepto olvidar y me niego.
Si es que existe el lugar en que moras,
Por qué entonces mis ojos te lloran.



¿NO VES?

¿No ves en la nube mansa lo efímero de la vida?
¿No ves también en la herida su futuro de bonanza?
¿Y que los árboles trinan cuando el ave se deshoja?
¿No ves que la luz te moja y que la lluvia ilumina?

¿No ves que el sol con el viento se comportan como hiedra,
Cubriendo la Inmensa Piedra de un color amarillento?
¿No lees en la mustia Luna un epitafio que expresa:
Aquí yace la belleza que alguna vez fue la Luna?

¿Y no oyes el gemido que viene de las alturas?
Es la tierna criatura que la montaña ha parido.
La vela teme a la llama, más esto el fuego lo ignora.

Él, al verla se enamora y lentamente la ama.
La noche llega a su fin y llora porque se marcha…
¿No te da pena la escarcha dispersa sobre el jardín?.




MARÍA

Palidece la noche al mirarme,
Sólo árido suelo a mis pies.
Quién pudiese de mí rescatarme,
Cual zahorí, a la cuenta de tres.

Ni Jenófanes mismo sabría,
Ni Virgilio, ni el bueno de Horacio.
Definir mi terrible elegía.
De mi idilio abarcar el espacio.

Cada paso en mi viaje es tardío.
Al llegar todo vuelve a estar lejos.
Mi tristeza recurre a Vallejo

Y mi amor se refugia en Darío.
Mas, ni uno ni otro podrían,
Conseguir que regreses…María.





SONETO

Perderse…cual nube en el viento.
Lo mismo que una estrella vaga,
Que entre otras millares se apaga.
Ser uno y a la vez…ser cientos.

Cual rostro en antiguos espejos,
Me pierdo en un viaje sin fin.
Montado al caballo de Odín
Y a todo lo miro de lejos.

Al mar, que una piedra creía.
Al ave, que en lágrima oscura,
Veía caer de la altura,

Creyendo su canto, agonía.
Y a ti, sobre todas las cosas
La espina te vi…no la rosa.




¡QUÉ TRISTES SE VEN LAS FLORES!

¡Qué tristes se ven las flores que de tus ojos derramas!
No están marchitas ni rotas, descoloridas ni ajadas.
Tampoco son como aquellas que en los libros, olvidadas,
Detienen entre dos hojas, quizás por siempre, su trama.

Oh¡, golondrina viajera que lloras en mi regazo.
¡ Que tristes se ven las flores que de tus ojos derramas¡
Colores de primavera sobre tu cuerpo caen en pedazos.
Escoria de mil amores ¿ que no te aman…que no te aman?.

Ni el cielo que te conoce, ni el puño que el verso escribe,
Nadie me dirá quién eres si te lo impide tu llanto.
Sin embargo reconozco, en tu gemir, con espanto,

Que llegas desde muy lejos, de allá Donde Nadie Vive…
Y aunque no sepa tu nombre ni el por qué de tu destino,
Comprendo lo que es morirse, sola, a mitad de camino.




SONETO

Azulados y negros y pequeños.
Sus ojos son el fruto del Endrino.
Belleza que se esfuma como un sueño,
Al áspero sabor y cruel espino.

Sus labios, de morados a rosáceos,
Como la flor de Malva, palidecen.
Tan lejos de aquel brillo de Topacio,
En su propia mudez…desaparecen.

A las hojas de Dalia se asemejan
Sus manos, que al abrazo se resisten.
Y a la lluvia, su rostro bello y triste.

Y al olvido, su sombra que se aleja.
Sabe Dios, cuanto la quise un día.
Como sabe también…que todavía.




SONETO

Me dormí sobre una hoja tan vacía
De palabras, que la noche al observarla,
Sintió pena, y por amor, quiso poblarla,
Con su Gran Constelación de la Poesía.

¿ Me dormí sobre una hoja o ella era
quién dormía y yo velaba su letargo?
¿ O la noche nos soñaba y sin embargo,
a la vez, también la noche un sueño era?.

Todo es cierto…me lo dice la brillante
Creación, que de la Humana es tan distinta.
Como es cierto que asimismo es semejante,

A la vasta creación de Nuestra Tinta.
Me dormí sobre una hoja tan desierta,
Que mi mano decidió quedar despierta.




A LA ENVIDIA

A la envidia ( que es de todos) yo le temo.
A esa envidia de Caín, también de Remo.
Y a esa cólera de un Rómulo tan cruel,
Que ha hecho de su triste hermano, otro Abel.

Quizás seamos, como en cíclica leyenda
De ese misma loba, pronto alimentados.
Y el instinto finalmente nos sorprenda,
Liberándonos de culpa y de pecado.

Pero todo corresponde a un simple anhelo.
Porque ignoro qué ideal la mente trama.
Mientras tanto justifico al noble Otelo,
Que por celos mata y muere como ama.

De una bíblica traición, de un ser ingrato,
Nacerá la envidia como fiel desmedro.
Y una triple negación condena a Pedro,
A mirar las limpias manos de Pilatos.

Tras la envidia, toda admiración se oculta.
Y es la cólera del Hombre un antifaz.
Que asesina nuestro amor y lo sepulta,
Redimiendo de la muerte a un Barrabás.

A la envidia (que es de todos)… yo le temo




AL SILENCIO DE ENRIQUE BANCHS

Porqué ese silencio, preguntan a Enrique,
Cual al joven Rimbaud, los labios te besa.
He hallado una línea que lo justifique:
“ El silencio es grande, lo demás flaqueza”

¿ No es ese silencio acaso el gran reto
que toda palabra se debe a sí misma?
Lo supo tu verso final, tu soneto.
Cruzando el umbral del sólido prisma.

Como la paloma se va de la mano,
En Barcas pobladas de Elogios y Halcones.
Llevando en su pico un eco lejano

Después de haber dado sus cuatro estaciones.
Así se fue Enrique del blanco papel.
Más, oigo el repique de su Cascabel.




BIEN VALE UN VERSO

Bien vale un verso esfuerzo y agonía.
Julietas, Dulcineas, cadalsos y cicutas.
Sentir la frente sangrando por la hirsuta
Corona y recibirlo con alegría.

Bien vale un verso la errática odisea,
De veinte años o la de sólo un día.
En donde ambos Ulises combatían,
Contra las olas del tiempo y sus mareas.

Lo supo Poe y lo supo Tomás Moro:
Bien vale un verso el opio y el cilicio.
Qué pensamientos, Nerón tiene. Lo ignoro,

Viendo impasible su Imperio que se quema;
¿Canjear cordura por pérdida de juicio?
Bien vale un verso arriesgar, todo el poema.




DULCE FRIDA

Hago mío este verso de Lugones:
No está muerta la flor, sino dormida.
Y me basta susurrar tu nombre: Frida…
Para que vuelvan a ti, todos tus dones.

Tus dones, como piedra de alquimista.
Tus dones, como elixir de la vida.
Tus dones son el alma de un artista.
Tus dones, oh, tus dones…dulce Frida.

En un rayo de luz la noche cesa.
En breve el sol inundará tu cama.
Tan poderoso el día que regresa.

Tan débil es mi voz cuando te llama:
Despierta… Frida…. Pero no despiertas.
Mi flor no está dormida, sino muerta




DÓNDE ESTÁN MIS MANOS

Dónde están mis manos que ya no las hallo.
Mis manos son fieles, mis manos leales.
Quizás se cansaron de todos mis males
Y al fin desistieron a ser mis lacayos.

Como en agonía de a poco las pierdo.
Oigo su confuso lejano aleteo.
Dónde están mis manos que ya no las veo.
Dónde, extrañas manos, que ya no recuerdo.

Tal vez, mendigando en algún Camposanto,
Un cuerpo más digno, dichoso y modesto.
O bien, entregadas a brazos impíos,

Que en cruentas batallas son fuertes y diestros.
Algo que jamás hallarán en los míos.
Dónde están mis manos…¡ las extraño tanto¡.




SONETO

Te buscaré por el mundo con desesperada urgencia.
Sabiendo que tú me huyes en los brazos de un Medoro.
Te buscaré como Orlando busca a Angélica y su Moro.
Te buscaré aunque recorra el camino a la demencia.

Te buscaré en el exilio donde nadie nos espera.
Donde pronunciar tu nombre agita el viento con rabia.
te buscaré como busco en el árbol muerto la savia.
Te buscaré eternamente, como quien, una quimera.

Mas, cuando te haya encontrado pasarás inadvertida.
Y buscándote sin tregua iré pagando tu costo.
Porque será ese reencuentro otro punto de partida,

A las ordenes de mi dios, como a la pluma de Ariosto.
No obstante lo cual confieso, que te seguiré buscando.
Siempre en guerra con el mundo, como aquel… Furioso Orlando.




SONETO A BAUDELAIRE

Aquel Hombre – Niño, que Nace – Agoniza,
Con un ojo ciego y un sordo lamento,
Perjura a su madre con su voz de brisa:
“Ya no soy el hijo ingrato y violento”.

Aquel Hombre – Niño derrama su vaso.
Ya sin importarle, librado a su suerte.
Pero antes le advierte tendido en sus brazos:
“No vivirás madre, después de mi muerte”.

Y así con Agosto, París, casi ausente,
Semejando, acaso, todos sus escritos.
Lo ha visto apagarse al Poeta Maldito,

Como a tenue lumbre de triste codal.
Mas, su alma obedece a esa Antorcha Viviente,
Por siempre presente en Las Flores del Mal.




A UNA GUITARRA

Qué trata mi mano derecha o izquierda,
Rindiendo a las cuerdas su culto profano.
Cuál es el sentido que busca el acorde,
Que espera la orden del firme rasguido.

Cuando se ejecutan tus tensas amarras,
Qué sientes, guitarra. Acaso disfrutas?
Un árbol pequeño soñó melodías.
Tú fuiste su sueño. Él, quien hoy serías.

Qué conjuro sombrío a tu especie la rige,
Cuando el Hombre te exige habitar tu vacío.
Que límites trasciendes, OH, bramante alabanza ¡

Cuando oír ya no alcanza ni la mente comprende.
Guitarra, quién eres, aquí entre mis manos.
Y tú, ser humano, contesta…quién eres.




SOY LA SOMBRA

Es el sol el que te nombra
Para que estés a los pies,
De todo aquello que es,
Como si fueses alfombra.

Y hay algo en ti que me asombra,
mucho más que tu existencia,
Es descubrir que en tu esencia,
vida propia tienes… Sombra.

Lo intuyo con vago horror.
Lo sueño con pesadumbre.
Temiendo que el sol me alumbre,
escondido estoy del sol.

En la oscuridad de un pozo,
yago, pienso, como , vivo.
Cual Segismundo cautivo,
cual Funes, el memorioso,

O Dàntes, el Montecristo,
o aquel recóndito Nemo.
Me convertí en lo que temo.
Soy La Sombra… ya no existo.



NUNCA

Nunca niegues el saludo del delirio
Que con su mano exiliada de otras manos,
Te dibuja, tembloroso, su martirio
Tras las rejas que lo alejan de lo humano.

Porque esas rejas son también rancios espejos,
Donde millones de miradas desfilaron,
Ciegas al cuerdo saludar de sus reflejos
Que nos encierra como a ellos encerraron.

Y así barrotes aprisionan carceleros.
Y no hay concepto que defina Libertad.
No llames último lo que es también primero.
No habrá mentira que no pueda ser verdad.

No confundas frenesí con inconciencia.
La ignorancia es la puerta que abre al miedo.
Tu saludo garantiza su existencia.
De tu mano nacerá su nuevo credo.

Y quizás, alguna vez salten murallas,
Para derribar así memorias viles,
Esas siempre a prueba de misiles
que sólo hacen del Hombre un fiel canalla.




EXIJO LIBERTAD… (EN DOS SONETOS)

A Rodolfo Whals.

Exijo libertad para los versos
Porque, para unos pocos, ya se sabe.
Es ella igual al vuelo de las aves
Que tienen como cielo el universo.

Exijo libertad, ya no la pido.
Porque mi petición esconde un ruego.
Y mis rodillas arden como el fuego,
De tanto trajinar por el olvido.

Exijo libertad de vuestra parte,
Como genuino hijo de la misma.
Para salvar al verso del estigma

Y devolverlo al seno de las artes.
Mi voz no se deshonra de arrogancia,
Al pretender la humilde jerarquía;

***

Aquella que permite a la poesía,
Ser libre. Como única ganancia.
Señor Comendador, su boca abra
Y deje en libertad lo que ha comido.

O escupa letra a letra los sonidos,
Devuelva a la Poesía sus palabras.
Soy una voz cualquiera que se erige
Para recuperar siquiera sombras,

De aquella Libertad que no se nombra.
No obstante, y en silencio, aún se exige.
Yo sé que para usted no hay más sonidos

Que aquellos que hoy detiene tras su escarcha.
Aún mientras, dicha voz siga su macha,






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